El lenguaje tiene un papel importante en la construcción de una nación. Sin embargo, el lenguaje no se puede separar de la historia política, social y económica de la nación. En “Old Language, New Models,” Anderson escribe sobre la evolución del lenguaje y como los productores de impresas intenta captar a las poblaciones que no son analfabetos. Es decir que los productores de impresas manipulan el lenguaje y ellos determinan quienes van hacer los consumidores de sus productos. Este sistema de productores y consumidores crea una jerarquía de acceso y de poder. Entonces, las poblaciones analfabetas caen en la periferia de la comunicación nacional y ellos que están en el sistema de comunicación nacional son los que tienen poder, acceso a la educación, y la facilidad de acceder recursos. Obviamente el mismo sistema tiene distintos niveles de poder. Esto significa que el hecho que uno es parte del sistema y contribuye en el diálogo de comunicaciones, no significa que tiene poder en la sociedad. Por lo tanto, el lenguaje es un sistema dentro de los polisistemas de nuestra sociedad que aún tiene sus propios niveles de organizaciones e implicaciones.
Una de las cosas que fue fascinante en mis jornadas en América del Sur es la evolución del idioma Español en los distintos países. Posibles razones por esta evolución son una forma de rechazar el Imperio de España, debido a las influencias de las poblaciones indígenas y los inmigrantes al continente, entre otras cosas. Todos los países que yo visite, Uruguay, Argentina, Chile y Perú tienen sus propios acentos, estilo, ritmo y modismo y cada país critica al otro sobre la manera que el otro utilizar el español. Es decir que cuando estuve en Uruguay y Argentina, los uruguayos y los argentinos se burlaban de los chilenos diciendo que yo no lo iba entender porque los chilenos hablan como si estuvieran cantando. Y cuando llegue a Chile al principio encontré un poco difícil entenderlos debido al acento y los modismo o como se dice en Chile los “chilenismos.” Al mismo tiempo, los chilenos constantemente imitaban el acento argentino, específicamente el enfatice en “ll,” el vos, y el che.
En Chile, existe una población indígena Mapuche que no es parte de la cultura urbana chilena, que los propios chilenos ocultan, pero también los mismos Mapuches se diferencian. El idioma Mapuche no está reconocido como un idioma oficial nacional de Chile. Más allá, los mapuches que quieren estudiar son forzados a aprender el español y son fomentados a rechazar su lengua nativa. Esto es un ejemplo de un grupo que se encuentra en la periferia del sistema de lenguas, porque aún el gobierno chileno no reconoce la lengua nativa. Como había mencionado al principio, el mismo sistema de lenguajes tiene sus niveles de inclusión. Lo que se encuentra a bajo del la estructura sociedad son los pobres, que en la jerarquía, están localizado al nivel superior de los indígenas. De acuerdo a muchos chilenos, los pobres hablan “flaite” que significa “talking ghetto” en ingles. Esto es una forma de diferenciar “español apropiado” y el “español malo,” que inevitablemente coincide con nuestra obsesión de clasificar a las personas de tal manera para mantener poder y simple crear un opuesto, un “otro” para disminuir.
Una de las cosas que fue fascinante en mis jornadas en América del Sur es la evolución del idioma Español en los distintos países. Posibles razones por esta evolución son una forma de rechazar el Imperio de España, debido a las influencias de las poblaciones indígenas y los inmigrantes al continente, entre otras cosas. Todos los países que yo visite, Uruguay, Argentina, Chile y Perú tienen sus propios acentos, estilo, ritmo y modismo y cada país critica al otro sobre la manera que el otro utilizar el español. Es decir que cuando estuve en Uruguay y Argentina, los uruguayos y los argentinos se burlaban de los chilenos diciendo que yo no lo iba entender porque los chilenos hablan como si estuvieran cantando. Y cuando llegue a Chile al principio encontré un poco difícil entenderlos debido al acento y los modismo o como se dice en Chile los “chilenismos.” Al mismo tiempo, los chilenos constantemente imitaban el acento argentino, específicamente el enfatice en “ll,” el vos, y el che.
En Chile, existe una población indígena Mapuche que no es parte de la cultura urbana chilena, que los propios chilenos ocultan, pero también los mismos Mapuches se diferencian. El idioma Mapuche no está reconocido como un idioma oficial nacional de Chile. Más allá, los mapuches que quieren estudiar son forzados a aprender el español y son fomentados a rechazar su lengua nativa. Esto es un ejemplo de un grupo que se encuentra en la periferia del sistema de lenguas, porque aún el gobierno chileno no reconoce la lengua nativa. Como había mencionado al principio, el mismo sistema de lenguajes tiene sus niveles de inclusión. Lo que se encuentra a bajo del la estructura sociedad son los pobres, que en la jerarquía, están localizado al nivel superior de los indígenas. De acuerdo a muchos chilenos, los pobres hablan “flaite” que significa “talking ghetto” en ingles. Esto es una forma de diferenciar “español apropiado” y el “español malo,” que inevitablemente coincide con nuestra obsesión de clasificar a las personas de tal manera para mantener poder y simple crear un opuesto, un “otro” para disminuir.
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