Carroll destaca, en su capítulo "Parents and Children," varios temas que percibí durante mi estadía en Santiago. Entre los que resultaron más relevantes para mi experiencia están: las reacciones al interrumpir, la conexión entre madurez y maternidad y la responsabilidad (ya sea social o personal) que la segunda implica, las técnicas que permiten a l@s niñ@s el espacio para "make their own mistakes and to find their own solutions" (y cómo esto cambia según la edad), y si el comportamiento de los padres cambia o no según la compañía presente. En esta respuesta me enfoco más que nada en las maneras en las que la maternidad se manifestaron dentro de mi experiencia. De ahí utilizaré los ejemplos para hacer conexiones con el texto de Carroll.
La situación familiar en la que me enfoco se estructuraba de la siguiente forma: una mamá [de 53 años, fumadora de casi toda la vida, feminista, activista--sobre derechos de la mujer y derechos queer, escritora que trabajaba desde su casa, que salía de vez en cuando para asistir a eventos en los que su presencia era requerida o para ir a la feria y comprar verduras y ropa usada, cuyo vocabulario se componía de muchos "garabatos", es decir "malas palabras"], un papá [de cincuenta-y-tantos años (creo), poeta y artista de cómics políticos que pasaba mucho tiempo fuera de la casa, ya sea estudiando o asistiendo a eventos artísticos, no-fumador, no muy fanático de los garabatos, de pocas palabras (pero cada una extremadamente acertada y casi siempre de valor crítico o cómico) y muchas sonrisas], una hija de 24 años [artísta plástica y creadora constante de múltiples proyectos: un tejido de la cara de Marilyn Monroe, aros/pantallas caseras, trabajos de textiles utilizando bolsas de té..., fanática de la buena música y mucha conversación y compañía], y una hija de 21 años [estudiante universitaria de educación diferencial y futura maestra, líder de scout, experta en comentarios y chilenismos graciosísimos]. Casi siempre uno de los estudiantes (pongámosle "Feipe" de sobrenombre, para proteger su identidad) de la mamá se aparecía para compartir café, sopaipillas, panqueques o empanadas caseras; a su visita le acompañaba el saludo típico de "¡Gringa culiá*!" y luego un abrazo cariñoso (o no), y de vez en cuando dormía siestas en mi cama (... sí, fue tan extraño como suena).
De esta situación salen múltiples conversaciones (más al estilo estadounidense que al francés, según las descripciones de Carroll) con la mamá sobre una enorme variedad de temas. En una ocasión, me contó que alguien le había acusado de ser lesbiana. La acusación no le ofendió en lo menor, pero sí respondió debidamente: "A Ud. no le incumbe, pero yo estoy casada y tengo dos hijas para las cuales soy muy buena madre. Yo limpio la casa, les cocino cada día, hago compras, cocino sopaipillas cuando llueve, y hasta preparo una torta a la semana!" (Era verdad- especialmente lo de las tortas, ¡guau qué delicia!) El acusador respondió con un sonido de incredulidad y se fué, con una actitud que parecía decir "¿Cuán bruto crees que soy para creerme algo tan absurdo?" Veo aquí un buen ejemplo de la defensa pública del comportamiento privado.
En otros momentos me enseñaba lo que significaba "retar" en Chile. Para mí, siempre había sido "to challenge" en el sentido estricto: si te reto en la tarea, te presento con un problema complicado. Pero rápido aprendí que "retar," en Chile (y bien puede ser que en otros lugares también) significaba lo que yo siempre conocía como "regañar." Eran muchas las veces que a mí me retó la mamá de la casa, casi siempre por "andar a pata pelá"... es decir, por caminar por la casa descalza. En un momento que recuerdo con particular claridad, la mamá me retó--con fuerte acento chileno, y con la velocidad del habla chileno--y no fue hasta que repitió tres veces el reto (y luego me lo tradujo mi "pololo") que entendí que había dicho "¡Gringa de mierda!* ¿Por qué estay** andando a pata pelá? ¡Te vay** a resfriar! ¡Ponte algo o te voy a dar una patá en el poto!" (Ésta memoria siempre me causa mucha risa.) Mi traducción sería algo así como: "Crazy child, what are you doing running around barefoot? You're going to get sick! Put something on your feet or I'm going to kick your butt!" (or perhaps, "I'm going to spank you") De tal forma, vemos que la mamá chilena se tomó muy en serio el trabajo de mamá postiza. Me retaba si no me secaba el pelo después de ducharme (era invierno), si salía de la casa sin chaqueta, o si no me llevaba suficiente almuerzo a la U.
En cuanto a la alteración de los retos frente a los amigos, bueno, no variaban en nada. Como mencioné arriba, el ejemplo del andar descalza ocurrió frente a mi pololo. Y estoy segura de que Jeannie podrá comentar sobre algún momento en el que me retaron en su presencia. Esto--como en los ambientes franceses--era de lo más normal (dentro del contexto de esta familia). No sé si será esa la "norma" chilena, y no me sorprendería si no lo fuera, ya que mi casa anfitriona se alejaba mucho de la "norma" o de la expectativa social. Esos cuentos los guardo para otro momento.
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*Estos saludos, mientras que dan la impresión de ser únicamente agresivos y negativos, tomaban otro significado dentro del contexto de esta casa. Fue algo que me costó mucho captar, y luego aceptar (de manera muy pasiva)... especialmente el uso de la palabra "gringa." De hecho, el chiste favorito de la hija de 24 surgió de la siguiente conversación:
"Felipe" (el estudiante): ¡Hola gringa culiá!
Isis: ¡¿Cómo que "gringa"?!
**El chilenismo más común surgía de la conjugación de los verbos. Es parecido al "vos" de Argentina y partes de Uruguay, pero en vez de decir, por ejemplo, "Vos querés" o "vos tenés", decían en Chile "querí" o "tení". De tal forma, "tú (estar)" es "tú estay", "tú (ir)" es "tú vay", "tú eres"/"vos sos" es "soy" y a veces "erí" , -- con ortografía variante (eg: estay/estai, erí/eríh, etc).
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