El artículo por Hall explora el tema de la proximidad transcultural y cómo las varias culturas mundiales traducen el idioma del espacio.
Algo que explicaba Hall que me interesa mucho es el significado simbólico de la puerta. En su discusión de la puerta, Hall hace una distinción entre los alemanes y los americanos. Para los alemanes, el espacio privado es algo determinado, la privacidad siempre concedido. Este concepto es muy raro para los americanos pero tiene sentido en un contexto alemán, porque “Germans see their own space as an extension of the ego” (134) – un ego que se queda siempre protegido. Por eso, la puerta alemana es algo muy serio. Representa el orden y la organización, y preserva la integridad de una habitación.
Al otro lado, los americanos se consideran el espacio como “espacio compartido”, que no le pertenece a ninguna sola individual. Por eso, la puerta americana sirve como un tipo de la comunicación, o sea, de dar un mensaje particular. La puerta cerrada significa una petición de privacidad y silencio, mientras que la puerta abierta significa una invitación para “interrumpir”. Yo, como una americana, estoy acostumbrada de este enfoque, donde hay una opción de privacidad. Pero a la vez, como una griega, también estoy acostumbrada de la falta de privacidad (en mi familia) con todo lo que hago (en el idioma griega, no existe una palabra que significa “la privacidad”). Por eso, cuando fui a Barcelona, estaba preparada para todo.
Lo que encontré es que en Barcelona, se tratan la privacidad como los griegos se la tratan. En mi “homestay”, aunque tenía mi propia habitación y baño, mi madre española siempre entraba en mi habitación sin tocar la puerta primera. Muchas veces dejaba abierta la puerta de mi habitación para que no pareciera mal educada. Una vez, me estaba duchando cuando abrió la puerta del baño rápidamente, entró mi madre y gritó “Katiiii, voy al mercado, ¿necesitas algo? ¿No? Vale. Regresaré pronto…ciao, ¡un beso!” Me sorprendió mucho, porque aunque estaba acostumbrada de estas interrupciones en mi habitación, el baño siempre ha sido un lugar muy privado en mis experiencias.
Al otro lado, mi hermano español nunca entraba en mi habitación. Si me preguntaba algo, o si conversábamos, siempre quedaba de pie fuera de mi puerta. Puede ser que refleja la diferencia de género entre él y yo, o, como que tiene 27 años, está más consciente de las distinciones culturales. Como discuta Hall, es algo muy americano conversar con alguien sin entrar en la habitación.
En el mundo moderno, con toda la tecnología y todos los medios de comunicarse y viajar, es mucho más fácil saber y entender las varias prácticas culturales que distingan cada cultura. Por eso, tiene sentido que mi hermano estaba consciente de este concepto americano de la privacidad, cuando mi madre seguía con la manera mediterráneo. De hecho, prefería lo que hacía mi madre porque me parecía algo muy personal e íntima. Perder la privacidad para mi fue una manera de saber que ella confía en mi y me consideraba parte de la familia. Por eso, no me molestaba para nada.
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